viernes, 3 de mayo de 2019

LA TRAICIÓN DEL MORO GLAFAR


2.43. LA TRAICIÓN DEL MORO GLAFAR (SIGLO XI. RUEDA DE JALÓN)

A mediados del siglo XI, todo Al-Andalus se había cuarteado en más de cien feudos musulmanes más o menos grandes —los llamados reinos de taifas—, destacando entre todos ellos la taifa sarakustí, que tenía su corte en el bello palacio de la Aljafería, todavía en pie, y cuya construcción tuvo lugar a la vez que se levantaba la catedral jaquesa.

LA TRAICIÓN DEL MORO GLAFAR (SIGLO XI. RUEDA DE JALÓN), Aljafería


No obstante, los importantes reyes taifales zaragozanos edificaron y mantuvieron otras residencias, cual es el caso del entonces inexpugnable castillo de Rueda, elevado a la vera del río Jalón, fortaleza que fue corte de GinfarAmad, hijo de rey de Sarakusta Abdel-Mech, hasta que tuvo que entregarlo a Alfonso I el Batallador, en 1118, como consecuencia de la caída de Zaragoza.

castillo de Rueda, elevado a la vera del río Jalón, fortaleza que fue corte de GinfarAmad, hijo de rey de Sarakusta Abdel-Mech

Pocos años antes, en 1084, el moro Glafar —que ya tenía problemas de supervivencia para mantener independiente su feudo— fingió que estaba dispuesto a hacer entrega del castillo a los cristianos a cambio del cumplimiento de determinadas condiciones, cuando, en realidad, lo que pretendía era ganar tiempo y apoderarse del mismo monarca aragonés.
Aunque no logró su propósito, puesto que fue descubierto con suficiente antelación, hizo que sus secuaces apresaran y asesinaran a los infantes pamploneses Sancho y Ramiro Garcés, hijos del rey, así como al conde Nuño Álvarez de Lara y al conde González Salvadórez, «Cuatro manos», entre otros caballeros. La venganza de la traición quedó pendiente por el momento.
[Bernal, José, Tradiciones..., pág. 222.]


El castillo de Rueda de Jalón es un castillo medieval de propiedad particular situado en el municipio zaragozano de Rueda de Jalón y que se encuentra en grave riesgo ruina.


Rueda de Jalón llamada en otros tiempos Rota o Rotalyeu, fue conquistada por los Banu Casi, de Zaragoza en el año 882. Existen noticias de que en 935 fue sitiado por Durrí, general de Abderramán III, cuando estaba en manos de Tuchibí, del reino de taifa de Zaragoza.
En el año 1083, siendo alcaide de la fortaleza el caudillo Al-Mustaín, Alfonso VI de Castilla plantó cerco aunque no llegó a conquistarla. Posteriormente, Amed-Saif-Dola, hijo y sucesor en Rueda de Beni Hud, cambió el lugar con Alfonso VII de Castilla por un terreno en Toledo. Por fin, la plaza fue definitivamente reconquistada por Alfonso I el Batallador.

Constan como tenentes de Alfonso II de Aragón entre otros Pedro Ortiz en 1165 o Ortún de Sotiu en 1178. En 1228 Alfonso III de Aragón entregó el castillo a los nobles de la Unión. Jaime II de Aragón lo entregó en rehenes a su prometida Isabel de Castilla y en 1291 aparece como propiedad de Lope Ferrench de Luna, VII señor de Luna y siguió en tenencia de los Luna hasta 1315. En 1391 Juan I de Aragón lo vendió a Ramón de Perelló, dos años después lo compró el señor de Épila, que lo unió a sus señoríos, convirtiéndose más tarde en vizconde de Rueda.

La fortaleza es un amplio recinto triangular situado sobre un espolón inaccesible por dos de sus lados accediéndose por el tercero donde se encontraba la puerta de acceso al recinto que hoy día no existe. El recinto se distribuye en tres niveles escalonados.
En el más alto tenemos una torre, que ha perdido el remate y la puerta de acceso. En el nivel medio queda un lienzo de muralla en el que se pueden reconocer los arranques de los muros de varias dependencias rectangulares y algunos muros de tapial que serían la zona residencial. El nivel inferior era el más amplio y llano, pero apenas quedan restos visibles.

Se conserva un tramo de muralla almenada que conecta con una torre albarrana que protegía el acceso. Esta torre es de planta cuadrada, con puerta y ventanas de estilo caifal. También se conserva un aljibe subterráneo, al que se puede acceder por unas escaleras talladas en la roca. En lo alto de la montaña se alzan dos hermosas torres cuadradas construidas en tapial. El castillo se encuentra en estado ruinoso, aunque conservando algunos muros de considerable volumen formando un conjunto de importancia relevante. Se encuentra en un estado de conservación lamentable lo que hace que esté incluido en la Lista roja de patrimonio en peligro (España).






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LA HUIDA DE UNA REINA TAIFAL


2.42. LA HUIDA DE UNA REINA TAIFAL (SIGLO XI. GALLUR)

Con la llegada de los musulmanes al valle del Ebro, la caída de Zaragoza Sarakusta desde entonces— provocó la toma rápida de todas las poblaciones de su entorno, entre ellas Gallur. El cambio de administración supuso la islamización de la mayor parte de sus habitantes, aunque algunos continuaron fieles a su religión cristiana: eran los mozárabes.
Cuando en el siglo XI el Califato cordobés se fraccionó en multitud de reinos taifales —pequeños feudos regidos por reyes propios, entre los que destacaron los de Sevilla, Badajoz, Toledo o Zaragoza—, Gallur formó parte de esta constelación y, desde su atalaya, dominó un pequeño territorio integrado por siete poblaciones. Era de los pocos, quizás el único, de los reinos de taifa gobernado por una mujer.
La vida de la mayor parte de estos pequeños feudos musulmanes fue efímera, bien por ser absorbidos por otros más poderosos, como el de Sarakusta, bien por sucumbir a manos de los ejércitos cristianos.
Lo cierto es que el reino de Gallur se derrumbó en la práctica sin oposición. Bastó tan sólo para ello que los asaltantes cristianos superaran las barreras artificiales que defendían a la población por el sur y el este. Por el norte, el asalto era casi imposible, puesto que existía la doble defensa natural del río Ebro y de la cantera.
Ante aquel ataque, la reina, que iba acompañada por varios de sus súbditos —cargados con armas, enseres y tesoros— se dirigió a la entrada de un enorme pasadizo, de más de seiscientos metros de longitud, que iba a parar a la cantera y al río, en la parte norte, desde donde se podía huir. Era lo que se conoce como «caño de los moros». Pero lo cierto es nunca llegaron a la salida, pues un accidente les debió dejar atrapados en las entrañas de la tierra junto con tan extraordinario botín.

Durante siglos, al eco de esta noticia, han sido muchos los que han tratado de profundizar en el «caño de los moros», pero nadie ha podido dar con el tesoro que la reina pretendía llevarse.
[Datos proporcionados por J. Ramón Belsué, José A. Navarro y Agustín Sierra, Instituto de Bachillerato de Borja.]

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SANTIAGO AYUDA AL CID EN TORRENUBLOS


2.41. SANTIAGO AYUDA AL CID EN TORRENUBLOS (SIGLO XI. LA IGLESUELA DEL CID)

Durante una de las varias expediciones que realizó Rodrigo Díaz de Vivar por las altas y hermosas tierras del Maestrazgo, camino de sus dominios levantinos, intentando debilitar las fuerzas musulmanas de su retaguardia, se vio en la necesidad de entablar batalla con un potente contingente armado musulmán, encuentro que tuvo como escenario concreto la llanada que da entrada a la actual ermita del Cid, donde se dice que había fundado el poblado de Torrenublos, cerca de La Iglesuela del Cid.
Las huestes cristianas de don Rodrigo, habituadas a vencer en mil escaramuzas y batallas, se vieron en esta ocasión acorraladas por un ejército mucho mayor en número y más descansado. La derrota estaba a punto de consumarse sin remedio, lo cual podía haber tenido consecuencias negativas importantes en las tierras de Levante.
Sin embargo, al grito habitual de guerra de «¡Santiago y cierra España!» de los desesperados soldados del Cid, apareció milagrosa e inmediatamente el Apóstol, cabalgando sobre un hermoso caballo, mostrando la cruz de san Jorgesobre su estandarte blanco. Su silueta se recortó enhiesta en el cielo, sobre la Peña del Morrón. El jinete, espoleando a la bestia, logró de ésta un fantástico salto, de modo que se presentó en la explanada en la que tenía lugar la desigual pelea. Debido al peso del caballo y del jinete, caídos desde tan larga distancia, la pata izquierda del corcel quedó marcada en la roca dura, señal que todavía puede verse hoy, a pesar del tiempo transcurrido.
Ni que decir tiene que esta ayuda inesperada dio bríos nuevos a los guerreros cristianos, a la vez que los combatientes moros quedaron atónitos y asustados, acabando por perder una batalla que sólo unos minutos antes creían tener ganada.

Cuando todo acabó, una vez atendidos los heridos y enterrados los muertos, tras poner a buen recaudo los cautivos moros y habiendo sido repartido el botín, el Cid dio descanso a los suyos. Mientras, junto a la huella que dejara la pata del caballo, se levantó un hermoso peirón, a la manera de estas tierras turolenses, dedicado al Apóstol, al que por aquí se le llamaba no Santiago sino san Jaime. Quiso el Cid recordar así la victoria que consiguiera merced a su intervención milagrosa.
[Faci, Roque A., Aragón..., II, págs. 44-45.
Alejos Puig-Izquierdo, Fidel, La Iglesuela del Cid..., pág. 62.]


https://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_el_Mayor


http://worldcat.org/identities/lccn-n96043623

https://es.wikipedia.org/wiki/La_Iglesuela_del_Cid

SANTIAGO AYUDA AL CID EN TORRENUBLOS (SIGLO XI. LA IGLESUELA DEL CID)

EL CID, EN CALANDA


2.40. EL CID, EN CALANDA (SIGLO XI. CALANDA)

Rodrigo Díaz de Vivar —uno de los mayores estrategas, guerreros y políticos de su tiempo— fue un viajero de constante caminar, apareciendo siempre mezclado en acciones bélicas de todo tipo o en foros políticos diversos, tanto en territorio bajo dominio cristiano como musulmán, convirtiéndose, sin ningún género de dudas, en un personaje decisivo en la configuración geopolítica peninsular del momento.
En ese constante ir y venir de un lado a otro, el Cid Campeador vivaqueó en varias ocasiones por las tierras altas y quebradas del Bajo Aragón y, sobre todo, por las del Maestrazgo, llegando incluso a fundar, según la legendaria tradición, una nueva población para que le sirviera de apoyo logístico en sus acciones guerreras. / La Iglesuela del Cid /

Muchas son las evidencias del paso del Cid en varios pueblos de tan amplias comarcas, cual es el caso de Calanda, población en la que, en cierta ocasión, tuvo que refugiarse a todo galope dada la persecución de que era objeto, saltando con su caballo el arroyo que las lluvias torrenciales habían crecido, célebre y recordado salto del que todavía queda hoy una huella visible en la roca, la llamada «Pota del Caballo». Las prisas de la acción no le permitieron entrar normalmente ni por el «puente Cil» ni por el «arco del Cid», nombres que los calandinos les pusieron en honor de tan famoso personaje.
[Anónimo, «Puente y Portal del Cid», en Variedades, BHGBA, I-II (1908), 35.]


El Puente Cid de Calanda, también llamado "Puente romano", es un viaducto situado sobre el río Guadalopillo. Data del finales del siglo XVIII. Recibe este nombre en homenaje al Cid Campeador, quien pasó por estas tierras.

Templo del Pilar (Calanda)



PEDRO I DE ARAGÓN LUCHA CONTRA EL CID CAMPEADOR


2.39. PEDRO I DE ARAGÓN LUCHA CONTRA EL CID (SIGLO XI. PERALTA)

Después de haber cometido verdaderos estragos a los moros levantinos en la comarca de Onda y Almenar y soportada una larga y fatigosa cabalgada de varias jornadas, llegó el Cid Campeador con sus hombres a las puertas de la musulmana ciudad de Zaragoza. Tal como era habitual, el guerrero castellano fue huésped en el palacio del rey moro de la Aljafería, donde recuperó fuerzas y recompuso su hueste.

PEDRO I DE ARAGÓN LUCHA CONTRA EL CID CAMPEADOR

Tras descansar unos días en la ciudad del Ebro, partió de nuevo con sus hombres en dirección a Huesca, primero, y más tarde hacia Monzón. Los vigías de Pedro I pusieron al monarca aragonés al corriente de las andanzas del Cid, de modo que, sabiendo que se acercaba, se aproximó con sus caballeros hasta Piedra Alta, donde decidió elegir un paraje adecuado y plantó sus tiendas de campaña para esperarle.
Llegado el Cid a Monzón, determinó pasar allí unos días, uno de los cuales salió a recorrer la comarca acompañado por doce caballeros de su confianza
«a holgarse por el campo,
armados de buena guisa»,
o sea, a divertirse un poco con un simple ejercicio. Enterados los aragoneses a través de su red de espías de los movimientos de esta partida, les salieron al paso desde su improvisado campamento con ciento cincuenta guerreros, entablando un lucha desigual contra el Cid y sus hombres, en una especie de improvisada justa o torneo, pues, de común acuerdo, decidieron luchar uno contra uno sucesivamente.
A pesar de ser muchos menos en número, el grupo del Cid venció a los caballeros aragoneses, apresando a siete de ellos con sus caballos y armas, mientras los demás huían temerosos del campo de batalla. Las horas que siguieron a la refriega fueron tensas, pero, tras suplicar los vencidos clemencia al Campeador para que los dejara en libertad, don Rodrigo,
«como es muy honrado»,
dice el legendario romance, accedió a su petición.
[Gella, José, Romancero Aragonés, págs. 53-55.]




Et él después que ovo leídas las cartas, como quier que ende oviese gran pesar, non quiso ý ál fazer, ca non avié plazo más de nueve días en que saliese. Enbió por sus parientes e por sus vasallos, e díxoles cómo el rey le mandava salir de su tierra e que non le dava de plazo más de nueve días, e que querié saber d’ellos cuáles querién ir con él o cuáles fincar. Minaya Álvar Fáñez le dixo: “Cid, todos iremos convusco e servos hemos leales vasallos”. Todos los otros dixieron otrosí que irién con él donde quier que él fuese, e que se non quitarién d’él nin le desamparién por ninguna guisa. El Cid gradeciógelo estonces mucho, e díxoles que si Dios le bien feziese, que gelo galardonarié muy bien. Otro día salió el Cid de Bivar con toda su compaña

LA RECONQUISTA DE LUNA


2.38. LA RECONQUISTA DE LUNA (SIGLO XI. LUNA)

En la mente y en el deseo de los cristianos aragoneses estaba la toma del enclave de Huesca, una de las llaves que podrían abrir el camino hacia Zaragoza. Pero para ello era preciso ir eliminando paulatinamente otros obstáculos menores, como el que significaba la hoy villa zaragozana de Luna, situada al pie de la sierra de Luna, junto al río Arba de Biel. Preparada la correspondiente campaña, Luna fue reconquistada a los musulmanes, en 1092, por Sancho Ramírez, rey de Aragón y Navarra, al que sorprendería accidentalmente la muerte dos años después en el sitio de Huesca.
Como en tantas otras ocasiones, la configuración del terreno sobre el que se asentaba el caserío había dado el nombre a la villa, que entonces era el de Monte Mayor, merced a su estratégica situación, y ante Monte Mayor se apostaron los guerreros de Sancho Ramírez.
Dada la topografía del enclave, no era fácil apoderarse de la villa, a la que se cortó toda posibilidad de recibir refuerzos externos. Se estudió detenidamente la estrategia a seguir y se convino en esperar a que luciera en lo alto del cielo la luna llena para atacar de noche, como así se hizo.
Tras la conquista de Monte Mayor todo fueron novedades, e incluso sus nuevos dueños cambiaron su anterior denominación por la de Luna, en recuerdo de aquella luna llena que iluminara desde el firmamento los edificios, las calles y las plazas de la villa, convirtiéndose así en el mejor aliado del rey cristiano y de sus tropas.
[Zapater, Alfonso, Aragón pueblo a pueblo, tomo X, pág. 1.543.]







LA RECONQUISTA DE LUNA

Luna es un municipio y población de España, de la Comarca de las Cinco Villas, perteneciente al partido judicial de Ejea de los Caballeros al noroeste de la provincia de Zaragoza, comunidad autónoma de Aragón, a 65 km de Zaragoza. Tiene un área de 308,92km² con una población de 733 habitantes (INE 2016) y una densidad de 2,37 hab/km². El código postal es 50610.


Desde el punto de vista eclesiástico, depende de la diócesis de Jaca que, a su vez, es sufragánea de la archidiócesis de Pamplona.

Actualmente, lo que se conoce como municipio de Luna comprende los siguientes núcleos:

Luna
Júnez

Su término municipal linda por el norte con el de la población de El Frago y con Agüero, al este con Valpalmas, Piedratajada y Gurrea de Gállego, al sur con Las Pedrosas, Erla, Sierra de Luna y Castejón de Valdejasa, y al oeste con los de Ejea de los Caballeros y Orés.

Las mayores alturas corresponden al Fragal (856 m), que marca la divisoria entre Luna, El Frago y Orés; a Monlora (657 m); a la Peña del Valiente (620 m); y a Santiá (389 m), que marca la separación entre Erla, Luna y Ejea.

Está atravesado de norte a sur por el río Arba de Biel, del que es afluente el río Júnez, así como diversos barrancos.

Castillo palacio de los Luna o torre del reloj.
Castillo de Villaverde (Luna).
Castillo de Obano.
Castillo de Yéquera.
Iglesia parroquial de Santiago y San Miguel.
Iglesia de Santiago de la Corona.
Iglesia de San Gil de Mediavilla.
Santuario de Nuestra Señora de Monlora.

LOS CASPOLINOS, EN LA BATALLA DE ALCORAZ


2.37. LOS CASPOLINOS, EN LA BATALLA DE ALCORAZ (SIGLO XI. CASPE)

El escenario es el asedio de la plaza fuerte de Huesca. Cuando Pedro I, rey de Aragón —ayudado, entre otros, por caballeros del otro lado de los Pirineos y navarros—, se enfrentó en la batalla final a la potente coalición musulmana (incluida una importante colaboración cristiana castellana) que defendía la plaza de Huesca, el monarca aragonés contó también con una aportación no muy numerosa pero sí selecta y aguerrida de cristianos llegados de Caspe, que se hicieron notar de manera ostensible por su valor en la jornada memorable del veinticinco de noviembre.
Sabido es que esta batalla definitiva sobre la plaza oscense se libró en la planicie de Alcoraz, despoblado cercano a la ciudad, y todo el mundo conoce, asimismo, la decisiva intervención que en la confrontación bélica tuvo el caballero san Jorge, llegado aquel mismo día tras haber participado activamente en la batalla de Antioquía, en Oriente.
La realidad es que buena parte de las tropas agarenas, ante el pésimo cariz que iba tomando poco a poco la cruenta pelea, emprendió la huida precipitada y desordenada hacia Sarakusta tratando de evitar la muerte, mientras la ciudad oscense se veía obligada a rendirse. El extenso campo de batalla de Alcorazpresentaba un aspecto desolador pues quedó totalmente sembrado de hombres heridos, mutilados y cuerpos sin vida. Entre estos últimos, se pudieron contar los cadáveres de cuatro reyes moros, tres de los cuales fueron hallados precisamente en el terreno que habían defendido con arrojo y valentía sin igual los caballeros caspolinos.

tres de dichas cabezas en el que sería escudo de la villa caspolina
cuatro cabezas de moros, escudo, Aragón
Aquel hecho singular dio lugar a una doble decisión de enorme simbología. Por una parte, a la incorporación de cuatro cabezas de moros en uno de los cuatro cuarteles que conforman el escudo de Aragón, y, por otra, por decisión del propio rey aragonés, Pedro I, de tres de dichas cabezas en el que sería escudo de la villa caspolina.

[R.L., «Los Anales de Caspe, por Valimaña», BHGBA, III-IV (1909), pág. 64. Salas Pérez, Antonio, Caspe y la historia del Compromiso. Caspe. (2º ed.), 49-50.]

Salas Pérez, Antonio, Caspe y la historia del Compromiso.
Vicente Ferrer, compromiso de Caspe



https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=558939

Compromiso de Caspe

http://www.bajoaragonesa.org/elagitador/breve-historia-de-un-compromiso-que-esta-muy-de-moda/

https://blog.eldique.es/images/pdf/Libro-digital.pdf

http://www.cervantesvirtual.com/bib/historia/monarquia/casp.shtml

https://www.academia.edu/5222592/_La_baja_nobleza_aragonesa_despu%C3%A9s_del_Compromiso_de_Caspe_movilidad_social_y_estrategias_pol%C3%ADticas_1412-1436_El_Compromiso_de_Caspe_1412_cambios_din%C3%A1sticos_y_constitucionalismo_en_la_Corona_de_Arag%C3%B3n_XIX_CHCA_Iber_Caja_Zaragoza_2013_pp._432-442

Ayuntamiento de Caspe


UN DETALLE DEL ÚLTIMO ASEDIO DE HUESCA, 1096


2.35. UN DETALLE DEL ÚLTIMO ASEDIO DE HUESCA (1096) (SIGLO XI. HUESCA)

Es el 12 de mayo y ha comenzado el asedio de Huesca por Pedro I de Aragón. El gobernador musulmánoscense ha solicitado refuerzos a al-Mostain de Zaragoza, que no sólo aporta guerreros moros, sino que ha conseguido la ayuda del conde García Ordóñez de Nájera. El ejército que acude en ayuda de al-Mostain es tan numeroso que, al decir de las crónicas, los primeros musulmanes llegaban a Zuera cuando los últimos todavía estaban en Altabás, arrabal zaragozano.
Por su parte, en el campo cristiano había recalado, llegado desde Gascuña, el desterrado Fortún, con trescientos peones y diez cargas de mazas, que luego serían decisivas en la batalla.
Los contendientes, por fin, estuvieron frente a frente. Las fuerzas estaban muy igualadas, contando cada ejército con unos veinte mil guerreros, según un cronista árabe. El desenlace de la inminente batalla era, pues, incierto.
Fue entonces cuando —según el mismo cronista moro— Pedro I envió un espía al campo enemigo para que indagase el número de guerreros esforzados y de fama con los que contaba el ejército musulmán y que fuesen reconocidos como tales por los cristianos por sus proezas. A la vez, debía averiguar cuántos caudillos aragoneses eran conocidos por los musulmanes y cuántos de ellos estaban en el campamento cristiano en aquel momento.
Cuando regresó el espía, comunicó al rey que el número de caballeros sarracenos famosos ascendía a siete. Así es que hizo contar los hombres cristianos de valor que estaban en su campamento en aquellos instantes, alcanzando el número de ocho. La noticia hizo feliz al rey Pedro I, a quien se le oyó exclamar: «¡Oh, qué día tan fausto»!
El propio cronista musulmán nos relata el sentido de aquellas palabras, pues era creencia cierta que las batallas se ganaban no por el número total de contendientes que, por cierto, era semejante, sino por el número de guerreros sobresalientes con los que contaba cada ejército, de modo que aquel que aventajase al otro aunque solamente fuera en uno ganaría la contienda, como en este caso así sucedió.

[Ubieto, Antonio, Historia de Aragón: La formación territorial, págs. 122-124.]


http://estudiosmedievales.revistas.csic.es/index.php/estudiosmedievales/article/download/623/634

https://es.wikipedia.org/wiki/Garc%C3%ADa_Ord%C3%B3%C3%B1ez




Jornada cuarta. Novela tersera.

Cuarta jornada. Novela tersera.

Tres joves volen a tres germanes y en elles se fuguen a Creta. La mes gran, per sels, mate al seu amán. La segona, entregánse al duque de Creta, salve de la mort a la primera, pero lo seu amán la mate y fuch en la primera. Culpen de aixó al tersé amán en la tersera germana y a la presó u confessen y per temó a morí sobornen (corrompíxen en dinés) a la guardia, y, pobres, fugen a Rodas y a la pobresa allí se moren.
Filostrato, sentit lo final del novelá de Pampínea, se va quedá un poc encantat y después va di giránse cap an ella:
- Algo bo y que me ha agradat ha tingut lo final de la vostra novela, pero massa chalera y cachondeo ha tingut la historia, que haguera preferit que no tinguere.
Después, giránse cap a Laureta, va di:
- Siñora, seguíu vos en una milló, si es que pot sé.
Laureta, enriénsen, va di:
- Massa cruel estéu contra los amáns, si sol un mal final los dessicháu; y per a obeítos tos contaré una história sobre tres que van acabá mal, habén disfrutat poc del seu amor. Y dit aixó, va escomensá:
Joves siñores, com claramen podéu vore, tots los vissis poden tornás, en grandíssim doló, contra qui los té y moltes vegades contra datres; y entre los que en mes fluixes riendes a los nostres perills mos porte, me pareix que la ira es la que mes. La ira no es datra cosa que un impuls rápit y sense pensá, y desterrada tota raó y tenín los ulls de la men ombriosos per les tiniebles, en ardentíssima fogonada ensén lo nostre ánimo. Y encara que en frecuénsia li sobrevé al home, y mes a uns que a datres, no menos ha sobrevingut a les dones, perque mes fássilmen se ensén en elles y allí creme en flama mes clara y en menos freno les sacse.
Y no ña que maravillás de aixó: perque si volem mirá, vorem que lo seu foc per la seua naturalesa antes pren en les coses ligeres y suaves que en les dures y mes pesades; y natros som (no u tínguen a mal los homes) mes delicades del que u són ells, y mol mes volubles. Per lo que, veénmos naturalmén an aixó proclives, y mirán después cóm la nostra mansedumbre y benignidat són gran descáns per als homes en los que acostumbrem a tratá, y cóm la ira y la furia són de gran angustia y perill, per a que de ella en mes fort pit mos guardem, l´amor de tres joves y tres siñores, com hay dit abáns, convertit de felís que ere en mol infelís per la ira de una de elles, tos amostraré a la meua história.
Marsella está, com sabéu, a la Provença, es una nobilíssima y antiga siudat, situada a la vora del mar, y va sé abáns mes abundán en homes rics y en grans mercadés de lo que avui se veu; entre los que va ñabé un de nom N'Arnald Civada, home de naiximén lo mes baix possible pero de cla honor y leal viachán, sense mida ric en possesións y en dinés, y de la seua dona teníe mols fills entre los que ñabíen tres dones, y eren de mes edat que los atres que eren homes. De estes, dos, naixcudes de una bessonada, teníen quinse añs, la tersera ne teníe catorse; y los seus paréns sol esperaben per a casáles la tornada de N'Arnald, que en la seua mercansía sen habíe anat cap a España. Eren los noms de les dos primeres, Ninetta y Maddalena. La tersera se díe Bertella. De Ninetta estabe un jove, gentilhome encara que fore pobre, de nom Restagnone, enamorat tan com podíe, y la jove de ell; y de tal modo habíen sabut obrá que, sense que cap persona al món u sapiguere, disfrutaben del seu amor; y ya habíen chalat bastán tems cuan va passá que dos joves amics, Folco y Ughetto, morts sons pares y habén quedat riquíssims, la un de Maddalena y l´atre de Bertella se van enamorá. De lo que acatánsen Restagnone (habénli sigut mostrat per Ninetta) va pensá en ajudás en la seua falta de amor, y familiarissánse en ells, ara a un ara al atre, y a vegades als dos, los acompañabe a vore a les seues siñores y la de ell.
Y cuan li va pareixe sé prou familiar y amic seu, un día los va cridá a casa seua y los va di: - Mol volguts joves, lo nostre trate tos pot habé demostrat cuán es l´amor que tos ting y que per vatros faría lo mateix que per mí; y perque mol tos vull, tos mostraré lo que me ha vingut al ánimo, y vatros después en mí, juns, agarrarém lo partit que tos paregue milló. Vatros, si les vostres paraules no mentíxen, y per lo que en lo vostres comportamén de día y de nit me pareix habé entés, teníu un grandíssim amor per les dos joves que voléu, y yo per la tersera, san germana. Me demane lo cor trobá un dols y plassenté remei com es éste: vatros sou riquíssims, lo que no soc yo; si vullguéreu ajuntá les vostres riqueses y fém a mí lo tersé posseedó de elles jun en vatros y cavilá a quina part del món podríem aná a viure alegremen en elles, sense falta me diu lo cor que podré fé que les tres germanes, en gran part de lo que té son pare, vínguen en natros aon vullgám aná, y allí cada un en la seua com a germáns podrem viure com los homes mes felisos que ña en tot lo món. A vatros tos toque ara dessidí si voléu sé felisos fén aixó, o dixáu está.
Los dos joves, que anáen ensesos per les dos dones, al sentí que podríen tíndre a les dos dones, no van passá mol rato pensán, y van di que, si aixó passabe, estaben disposats a féu. Restagnone, en esta resposta de los joves, al cap de pocs díes se va trobá en Ninetta, a la que sol podíe vore en gran dificultat; y después de está en ella un tan, li va explicá lo que habíe parlat en los joves, y en moltes raóns la va intentá convénse de esta empresa. Pero poc difíssil li va sé, perque ella mol mes que ell dessichabe pugué está en ell sense sustos y ñirvis; per lo que de bona gana li va contestá que li pareixíe be y que les seues germanes, y sobre tot en aixó, faríen lo que ella vullguere.
Tornán Restagnone cap als dos joves, los va di que per part de les seues siñores lo assunto estabe dessidit; y entre ells van quedá anássen a Creta después de véndre algunes possesións que teníen, en la excusa de volé aná a comersiá en eixos dinés, y cambiades en dinés totes les demés coses que teníen, van comprá una saetíay la van armá en secreto, y van esperará la fecha pactada.
Per un atra part, Ninetta, que del dessich de les germanes massa sabíe, en dolses paraules les va inflamá que los va pareixíe que no viuríen prou per a arribá a fé alló. Per lo que, arribada la nit a la que teníen que embarcá a la saetía, les tres germanes, ubert un gran cofre de son pare, van traure de ell una gran cantidat de dinés y de joyes, y en elles, de casa les tres de amagatóns van eixí, segóns lo planejat, y van aná cap allí aon estaben los seus tres amáns que les esperaben. Van pujá a escape a la saetía, van "doná los reinos al aigua" y van marchá navegán, y sense parás un pun a cap puesto, en son demás de tarde van arribá a Génova, aon van pugué disfrutá los amáns del goch y plaé del seu amor per primera vegada. Y provínse de alló que nessessitaben van continuá lo viache, y de un port a un atre, antes de que arribare lo día vuit desde que van eixí, sense cap impedimén van arribá a Creta, aon van comprá grandíssimes y hermoses possesións, y mol prop de Candia van construí hermossíssimes mansións; y allí van escomensá a viure en mols criats, gossos, carn de ploma, caballs, y fen convits y festes y chalán tot lo que volíen, a guisa de baróns. Y vivín aixina, va passá que encara que les coses mol te agradon, si se tenen en massa cantidat cansen. Restagnone, que mol habíe vullgut a Ninetta, puguénla tíndre sense cap temó, va escomensá a cansás de ella, y a falláli l´amor per nella. A una festa li va agradá mol una jove del país, hermosa y noble Siñora, y la va escomensá a festejá, y a fé per nella mols gastos y festes, de lo que sen va acatá Ninetta, y li van entrá tans sels de ell que no podíe doná una passa sense que ella u sapiguere y sense que después lo renegare. Pero aixina com la abundánsia de les coses porte lo empach, se multiplique la gana cuan te neguen lo que dessiches: y aixina los renecs de Ninetta avivaben les flames del nou amor de Restagnone; y com passán lo tems la cosa va seguí pel mateix camí, Ninetta se va ficá mol triste, y li va assaltá la ira y a tan va víndre que, convertit l´amor que li teníe a Restagnone en odio amarg, segada per la ira, va pensá en matá a Restagnone y vengá la vergoña que li pareixíe habé patit. Va fé víndre a una agüela griega, gran mestra en escriure venenos, y en promeses y en regalos li va fé prepará un aigua venenosa, y sense aconsellás de dingú, una nit a ni va doná de beure a Restagnone que estabe acalorat y que no se barruntabe res. La forsa mortal de aquella aigua va sé tanta que abáns de arribá lo matí lo habíe matat. Esta mort la van sentí mol Folco, Ughetto y les seues dones, sense sabé que habíe mort envenenat. Van plorá juns en Ninetta y lo van enterrá. Pero va passá que no mols díes después, per un atra malvada acsió, va sé apresada la agüela que habíe preparat lo veneno, y entre atres maldats, al patí la tortura, va confesá, y va mostrá lo que habíe passat en Restagnone, per lo que lo duque de Creta, sense res di, de amagatóns una nit va aná pels voltáns de la vila de Folco, y sense cap abalot ni opossisió, se va emportá detinguda a Ninetta, de la que, sense cap tortura, ben pronte va sabé lo que volíe sentí sobre la mort de Restagnone.
Folco y Ughetto se van enterá per qué habíe sigut apresada Ninetta, lo que mol los va dóldre, y ficáen mol empeño en fé que Ninetta escapare al foc, al que creíen que siríe condenada, pero lo duque estabe firme en fé justíssia.
Maddalena, que ere una hermosa jove y habíe sigut festejada per lo duque sense habé fet may res del que ell volíe, creén que si li donabe lo gust podríe liberá a la germana del foc, lay va doná a enténdre per mich de un cauto embajadó, que ella estabe a les seus órdens si dos coses se seguíen de alló; la primera, que recuperare a san germana salva y libre; y l’atra, que alló fore cosa secreta. Lo duque, escoltada la embajada y agradánli, va considerá si teníe que féu y al final va está de acuerdo y va contestá que se faríe. Fen apresá, en consentimén de la Siñora, una nit a Folco y a Ughetto, va aná secretamen a albergás en Maddalena. Va ficá a Ninetta a dins de un sac y va di que aquella nit mateixa la aviaríe al aigua en una pedra lligada al coll. Lay va portá a san germana y per preu de aquella nit lay va doná, demanánli al anássen pel matí que aquella nit, que habíe sigut la primera del seu amor, no fore la radera. Pel matí, Folco y Ughetto, habíen sentit que Ninetta per la nit habíe sigut aviada al mar, y creénsu, una vegada liberats, van torná a casa per a consolá a les seues dones per la mort de la germana. Per mol que Maddalena se les va ingeniá en amagála, Folco sen va acatá de que estabe allí; de lo que se va extrañá mol y de repén va sospechá, perque habíe sentit que lo duque habíe festejat a Maddalena, y li va preguntá cóm podíe sé que Ninetta estiguere allí. Maddalena va cavilá una llarga fábula per a explicálay, pero ell (que ere malissiós) se la va creure ben poc, y la va apretá per a que diguere la verdat. Y ella, después de moltes paraules, lay va di.
Folco, vensut per lo doló, inflamat per la ira, va desenvainá una espasa, y la va matá, sense fé cas de los crits de mersé. Teménse la ira y la justíssia del duque, dixánla morta a la alcoba, sen va aná aon estabe Ninetta, y en la cara mol alegre, li va di:
- Anem allí aon tan germana ha determinat que te porta per a que no tornos a máns del duque.
Creénsu Ninetta, y com teníe temó del Duque, sen va aná en Folco, sense despedís de san germana. Sén ya de nit, se van ficá de camí, y en los dinés que Folco va pugué agarrá, que van sé pocs; sen van aná cap al port, van pujá a una barca y may mes se va sabé aón van arribá. Al día siguién se van trobá a Maddalena morta, y van ñabé algúns que per la enveja y odio que li teníen a Ughetto, rápidamen lay van fé sabé al duque, y ell, que mol volíe a Maddalena, corrén fogosamen cap a la casa, va detíndre a Ughetto y a la seua dona, que de estes coses encara no sabíen res, y los va fé confesá que ells y Folco habíen sigut los culpables de la mort de Maddalena. Per esta falsa confessió, ells, teménse la mort, en gran habilidat a qui los guardaben van soborná, donánlos una serta cantidat de dinés que teníen amagats a casa per a un cas mol nessessari: y jun en los guardies, sense tíndre tems de agarrá cap de les seues coses, van pujá a una barca, y de nit se van escapá a Rodas, aon van viure a la miseria no mol tems.
Pos an este estat los va portá a tots lo loco amor de Restagnone y la ira de Ninetta.

jornada cuarta novela cuarta

jueves, 2 de mayo de 2019

Cuarta jornada. Novela segona.



Cuarta Jornada. Novela segona.
Fray Alberto convéns a una dona de que lo arcángel Gabriel está enamorat de ella y, com si fore ell, moltes vegades se gite en ella, después, per temó als paréns de ella fugín de casa seua se refugie a casa de un home pobre, lo que, com a un home salvache, al día siguién a la plassa lo porte; aon, reconegut, los seus flares li fóten ma y lo fiquen a la presó.

Venecia, puente Rialto
pon Rialto de Venecia

La história contada per Fiameta habíe fet saltá les llágrimes a les seues compañeres moltes vegades, pero están ya completa, lo rey en inconmovible gesto va di:
- Poc preu me pareixeríe doná la meua vida per la mitat de la chaleraque en Guiscardo va gosá Ghismunda, y cap de vatres té que maravillás, que yo, vivín, a cada pas mil morts vech, y per totes elles no me es donada ni una part de esta chalera. Pero dixán está los meus assuntos de momén, vull que sobre casos dus, y en part als meus acsidéns semelláns, continúo parlán Pampínea, y si u fá com ha escomensat Fiameta, sense duda alguna rosada escomensaré a sentí caure damún de les meues flames.
Pampínea, sentín que aquella orden ere per an ella, va vore lo ánimo del rey mes per la emossió de les seues compañeres que les paraules del rey y per naixó, mes disposada a recreáles un poc que a tíndre que contentá al rey, se va ficá a contá una história que sense eixíssen de lo proposat, los faiguere riure, y va escomensá:
Acostumbre lo poble a di lo proverbio siguién: «Lo que es malvat y per bo tingut, pot fé lo mal y no es cregut», lo que done per a demostrá cuánta y quina es la hipocresía de los religiosos, los que en les robes llargues y amples y en les cares artifissialmén pálides y en les veus humildes y manses per a demaná a datres, y altaneríssims y áspres al empéndre als atres los seus mateixos vissis y en mostráls que ells per agarrá y los demés per a donáls an ells conseguíxen la salvassió, y ademés de aixó, no com homes que lo paraísso tinguen que guañás com natros sino casi com a siñós y posseedós de ell donán a cadaú que se mor, segóns la cantidat de dinés que los dixe, un puesto mes o menos exelén, en aixó primé a sí mateixos, si aixina u creuen, y después a qui a a les seues paraules donen fe se esforsen en engañá. Sobre los que, si cuan los convé me fore permitit demostrá, pronte los aclararía a mols simples lo que en les seues capes amplíssimes tenen amagat. Pero vullgue Déu que en totes les seues mentires a tots los passare lo que a un flare menor, de aquells que per mes grans santóns eren tinguts a Venecia; sobre lo que tos parlaré per a potsé aliviá una mica en risa y en plaé los vostres ánimos plens de compassió per la mort de Ghismunda.
Va ñabé, pos, valeroses siñores, a Imola, un home de malvada y corrupta vida de nom Berto de la Massa. Les seues vituperables acsións eren mol conegudes per los imolenses, y a tan lo van portá que ni les mentires ni les verdats se les creíen los de Imola. Per lo que, acatánsen de que allí ya les seues artimañes no li servíen, se va mudá a Venecia, resseptácul de tota la inmundíssia, y allí va aná cavilán en trobá la manera per a mal obrá com u habíe fet a un atra part. Y com si li rossegare la consiénsia per les malvades acsións cometudes per nell en lo tems passat, mostránse embargat per suma humildat y convertit en milló católico que cap atro home, va sé y se va fé flare menor y se va fé cridá fray Alberto de Imola; y en tal hábit va escomensá a fé en apariénsia una vida sacrificada y a alabá mol la peniténsia y la abstinénsia, y may minjáe carn ni bebíe vi cuan no ñabíe lo que li agradabe.
Y sense donássen cuenta casi dingú, de lladre, de rufián, de fals, de homissida, súbitamen se va convertí en un gran predicadó sense habé per naixó abandonat los vissis cuan de amagatóns puguere ficáls en obra. Y ademés de aixó, fénse móssen, sempre al altá, cuan selebrabe, si mols lo veíen, plorabe per la passió del Siñó com a qui poc li costaben les llágrimes cuan volíe. Y en poc tems, entre les seues predicassións y les seues llágrimes, va sabé de tal manera engatussá als venessiáns que casi de tot testamén que allí se fée ere fideicomissari y depositari, y guardadó de los dinés de mols, confessó y consellé casi de la mayoría de los homes y de les dones; y obrán aixina, de llop se habíe convertit en pastó, y ere la seua fama de santidat an aquelles parts mol mes gran que may habíe sigut la de San Francisco de Asís. Ara, va passá que una dona jove, badoca y sompa que se díe doña Lisetta de en cá Quirini casada en un ric mercadé que habíe anat en les seues galeres a Flandes, va aná en atres dones a confessás en este san flare; y están als seus peus, com venessiana que ere, que són tots unos vanidosos, habén dit una part de los seus assuntos, va sé preguntada per fray Alberto si teníe algún amán. Y en mal gesto li va contestá:
- Ay, siñó flare, ¿no teníu ulls a la cara? ¿Tos paréixen los meus encáns fets com los de eixes atres? Massa amáns tindría, si vullguera; pero no són los meus encáns per a dixá que los vullgue consevol. ¿A cuántes veéu que los seus encáns siguen com los meus, yo que siría hermosa hasta al paraísso? Y ademés de aixó va di tantes coses de esta hermosura seua que fastidiabe sentíla. Fray Alberto va vore que aquélla putíe a tonta, y pareixénli terra per al seu aladre, de ella enseguida y en desmesura se va enamorá; pero guardán les alabanses per a un momén mes cómodo, per a mostrás san aquella vegada, va escomensá a empéndrela y a díli que alló ere vanagloria, y atres de les seues históries; per lo que la dona li va di que ere un animal y que no sabíe que ñabíe hermosures mes grans que atres, per lo que fray Alberto, no volén enfadála massa, acabada la confessió, la va dixá anássen en les demés. Y unos díes después, agarrán un fiel compañ, sen va aná a casa de doña Lisetta y, retiránse apart a una sala en ella y sense pugué sé vist per atres, se li va aginollá dabán y va di:
- Siñora, tos rogo per Déu que me perdonéu de lo que lo domenge, parlánme vos de la vostra hermosura, tos vach di, per lo que tan fieramen vach sé castigat la nit siguién que no hay pogut eixecám del llit hasta avui.
Va di entonses doña Trulla:
-¿Y quí tos va castigá de esta manera?
Va di fray Alberto:
- Tos u diré: están en orassió durán la nit, com solgo está sempre, vach vore de repén a la meua selda una gran llumenária, y abáns de que puguera girám per a vore lo que ere, me vach vore damún un jove hermossíssim en una gayata grossa a la ma, que, agarránme per la capa y fénme eixecá, tan me va blandí que me va dixá cruixit. Li vach preguntá después per qué me habíe fet alló, y va contestá:
«Perque avui te has atrevit a repéndre los selestials encáns de doña Lisetta, a la que vull, Déu apart, sobre totes les coses». Y yo entonses li vach preguntá:
«¿Quí sou vos?». A lo que va contestá ell que ere lo arcángel Gabriel. «Oh, siñó meu, tos rogo que me perdonéu», vach di yo. Y ell va di entonses: «Te perdono en la condissió de que anirás a vórela en cuan pugues, y demánali perdó; y si no te perdone, yo tornaré aquí y te fotré tantes gayatades que u sentirás mentres visques». Lo que me va di después no me atrevixco a dítosu si no me perdonáu primé.
Doña Carbassa de ven, que ere un sí es no es dols de sal, se esponjabe sentín estes paraules y totes se les creíe com a mol verdaderes, y después de un rato va di:
- Be tos día yo, fray Alberto, que los meus encáns eren selestials; pero aixina Déu me ajudo, que ting llástima de vos, y ara, per a que no tos faiguen mes mal, tos perdono, si me diéu lo que lo ángel tos va di después.
Fray Alberto va di:
- Siñora, ya que me hau perdonat, tos u diré de bon grado, pero una cosa tos recordo, que lo que yo tos diga tos guardaréu de contáu a dingú del món, si no voléu fé malbé los vostres assuntos, que sou la mes afortunada dona que ña avui en tot lo món. Este ángel Gabriel me va di que tos diguera que li agradéu tan que moltes vegades hauríe vingut a está per la nit en vos si no haguere sigut per no assustatos. Ara, tos envíe di per mí que vol víndre una nit a vóretos y quedás en vos un bon rato; y perque com es un ángel y vinín en forma de ángel no lo podríeu tocá, diu que per a disfrute vostre vol víndre en figura de home, y per naixó diu que li diguéu cuán voléu que vingue y en quina fomra, y que u fará; per lo que vos, mes que cap dona viva, tos podréu tíndre per felís.
Doña Bachillera va di entonses que mol li agradabe que lo ángel Gabriel la amare, perque ella lo volíe be, y may passaríe que una vela de un matapán no li ensenguere dabán de aon lo veiguere pintat; y que cuan vullguere víndre an ella ere benvingut, que la trobaríe sola a la seua alcoba; pero en lo pacte de que no la dixaríe per la Virgen María, que li habíen dit que la volíe mol, y tamé lay pareixíe aixina perque a consevol puesto que lo vee estabe aginollat dabán de ella; y ademés de aixó, que ere cosa seua víndre en la forma que vullguere, sempre que no la assustare. Entonces va di fray Alberto:
- Siñora, parleu sabiamen, y yo arreglaré be en ell lo que me diéu. Pero podéu fem un gran favor, y no tos costará res y lo favor es éste: que vullgáu que víngue en este cos meu. Y escoltéu per qué me faréu un favor: me traurá l´alma del cos y la ficará al paraísso mentres ell estigue en vos.
Va di entonses doña Estirada:
- Be me pareix; vull que per les gayatades que tos va fótre per la meua culpa, que tingáu este consol. Entonces va di fray Alberto:
- Aixina, faréu que esta nit trobo ell la porta de casa vostra uberta, de manera que pugue entrá, perque venín en cos humano com vindrá, no podrá entrá mes que per la porta. La dona va contestá que u faríe. Fray Alberto sen va aná y ella se va quedá en tan gran alegría que no li entrabe la camisa al cos, mil añs pareixénli hasta que lo arcángel Gabriel vinguere a vórela. Fray Alberto, pensán que caballé y no ángel teníe que sé per la nit, en confits y atres bones coses va escomensá a agarrá forses, per a que no puguere sé aviát fássilmen del caball; y conseguit lo permís, en un compañ, al fes de nit, sen va aná cap a casa de una amiga seua de aon un atra vegada habíe arrancat cuan anabe corrén les yegües, y de allí, cuan li va pareixe be, disfrassat, sen va aná a casa de la dona y, entrán allí, en los perifollos que habíe portat, en ángel se va transfigurá, y puján a dal, va entrá a la cámara de la dona. Ella, cuan va vore aquella cosa tan blanca, se li va aginollá dabán, y lo ángel la va beneí y la va fé ficás dreta, y li va fé siñal de que sen aniguere al llit; lo que ella, dessichosa de féli cas, va fé rápidamen, y lo ángel después se va gitá en la seu devota. Ere fray Alberto majo de cos y fort, y mol ben plantat; per lo que trobánse en doña Lisetta, que ere fresca y cachonda, moltes vegades aquella nit va volá sense ales, de lo que ella mol contenta se va quedá; y ademés de alló, moltes coses li va di de la glória selestial. Después, arrimánse lo día, organisán la retirada, en los seus arnesos fora sen va eixí y va torná aon estabe lo compañ, al que, per a que no tinguere temó dormín sol, la bona dona de la casa li habíe fet amigable compañía. La dona, en cuan va amorsá, prenén als seus acompañáns, sen va aná a fray Alberto y li va doná notíssies del ángel Gabriel y de lo que li habíe contat de la glória y la vida eterna, y cóm ere ell, afegín ademés an aixó, maravilloses fábules.
A la que fray Alberto va di:
- Siñora, yo no sé cóm tos va aná en ell; lo que sé be es que esta nit, venín ell a mí y habénli yo donat la vostra embajada, me se va emportá de repén l´alma entre tantes flos y tantes roses que may se han vist tantes aquí, y vach está a un de los puestos mes agradables aon may hay estat hasta este matí a maitines: lo que va pasá del meu cos, no u sé.
-¿No tos u dic yo? - va di la Siñora -. Lo vostre cos va está tota la nit als meus brassos en lo ángel Gabriel, y si no me creéu miréutos daball de la mamella esquerra, aon li vach chupá al ángel, allí tindréu la siñal uns cuans díes.
Va di entonses fray Alberto:
- Avui faré algo que no hay fet en mol tems, me despullaré per a vore si me diéu la verdat.
Y después de mol charrá, la dona sen va entorná a casa, aon en figura de ángel fray Alberto va torná después moltes vegades sense trobá cap obstácul. Pero va passá un día que, están doña Lisetta en una comare seua y juntes parlán sobre la hermosura, per a ficá la seua dabán de cap atra, com qui poca sal teníe a la carbassa, va di:
- Si sapiguéreu a quí li agrade la meua hermosura, en verdat que no parlaríeu de les demés. La comare, dessichosa de sentíla, com be la coneixíe, va di:
- Siñora, podréu di verdat; pero no sabén quí es ell, no pot una desdís tan ligeramen.
Entonces la dona, que poc magín teníe, va di:
- Comare, no pot dís, pero en qui me enteng es en lo ángel Gabriel, que mes que an ell mateix me vol com a la dona mes hermosa, per lo que ell me diu, que ñague al món o a la marisma.
A la comare li van entrá ganes de enríuressen, pero se va aguantá per a féla parlá mes, y va di: - A fe, Siñora, que si lo ángel Gabriel se entén en vos y tos diu aixó té que sé aixina, pero no creía yo que los ángels féen estes coses.
Va di la dona:
- Comare, estéu equivocada, per les llagues de Déu: u fa milló que lo meu home, y me diu que tamé se fa allá dal; pero perque li pareixco mes hermosa que cap de les que ñan al sel se ha enamorat de mí y ve a está en mí moltes vegades; ¿Está cla? La comare, en cuan sen va aná doña Lisetta, se li van fé mil añs hasta que va está a un puesto aon pugué contá estes coses; y reunínse en una gran compañía de dones, ordenadamen los contá la história. Estes dones los u van di als seus homes y a datres dones, y éstes a datres, y aixina en menos de dos díes tota Venecia anabe plena de aixó. Pero entre aquells als que los va arribá, estaben los cuñats de ella, que, sense di res, se van proposá trobá aquell arcángel y vore si sabíe volá: y moltes nits van está apostats esperánlo.
Va passá que de este anunsi alguna notissiota va arribá a oíts de fray Alberto, que, per a empéndre a la dona anán una nit, apenes se habíe despullat cuan los cuñats de ella, que lo habíen vist víndre, ya estáen a la porta de la alcoba per a obríla. Sentínu fray Alberto, y entenén lo que ere, eixecánse y no veén datre refugi, va obrí una finestra que donabe al gran canal y desde allí se va aviá al aigua. La fondária ere gran y ell sabíe nadá aixina que cap mal se va fé; y nadán hasta l’atra vora del canal, a una casa que ñabíe uberta se va embutí a escape, rogán a un bon home que ñabíe a dins que per amor de Déu li salvare la vida, contán fábules de per qué estabe allí an aquella hora y despullat. Lo bon home, compadeixcut, com teníe que eixí a fé los seus assuntos, lo va ficá al seu llit y li va di que se estiguere allí hasta que tornare; y tancánlo a dins, sen va aná a les seues coses. Los cuñats de la dona, entrán a la alcoba, se van trobá que lo ángel Gabriel, habén dixat allí les alas, habíe volat, y van renegá mol a la dona, y per fin desconsoladíssima la van dixá en pas y sen van entorná a casa seua en los arnesos del arcángel. Mentrestán, clareján lo día, están lo bon home a Rialto, va sentí contá cóm lo ángel Gabriel habíe anat per la nit a gitás en doña Lisetta, y, trobat per los cuñats, se habíe aviát al canal per temó y no se sabíe qué habíe sigut de ell; per lo que rápidamen va pensá que aquell que teníe a casa teníe que sé ell; y tornán allí y reconeixénlo, después de moltes históries, va arribá en ell al acuerdo de que si no volíe que lo entregare als cuñats, li donare sincuanta ducados; y aixina u va fé. Y después de aixó, dessichán fray Alberto eixí de allí, li va di lo bon home: - No vech datra manera de que ixque sense sé reconegut. Avui fem natros una festa a la que un porte un disfrás de oso y un atre va a guisa de home salvache y aixina un disfrassat de una cosa y un atre de un atra, y a la plassa de San Marcos se fa una cassería, y acabada se acabe la festa; y después cadaú sen va en qui ha portat aon mes li agrado; si voléu, antes de que pugue descubrís que estéu aquí, yo tos portaré disfrassat de alguna de estes maneres, y tos podré portá aon vullgáu; de un atre modo, no vech cóm podréu ixí sense sé reconegut; y los cuñats de la Siñora, pensán que an algún puesto de aquí dins estéu, han ficat per tot arreu guardies per a enchampátos.
Encara que mal li pareguere a fray Alberto aná de tal guisa, u va tíndre que fé per la temó que teníe als paréns de la dona, y li va di an aquell aón teníe que portál. Este, habénlo embadurnat tot en mel y recubert de plomes minudetes, en una cadena al coll y una máscara a la cara, y una gran gayata a una ma y a l’atra dos grans gossos que habíe portat del matadero, va maná a un a Rialto a que pregonare que si algú volíe vore al ángel Gabriel pujare a la plassa de San Marcos. Y va sé lealtat venessiana ésta.
Y fet aixó, después de un rato, lo va traure fora y lo va ficá dabán de ell, y caminán detrás aguantánlo per la cadena, no sense gran abalot de mols, que díen tots: «¿Qué es aixó? ¿Qué es aixó?», lo va portá hasta la plassa aon, entre los que habíen vingut detrás y tamé los que, al sentí lo pregó, se habíen arrimat desde Rialto, ñabíe una caterva de gen. Este, arribat allí, a un puesto destacat y alt, va lligá al seu home salvache a una columna, fen vore que esperabe la cassa, al que les mosques y los tabáns, perque estabe enviscat de mel, lo molestaben mol.
Pero después de vore la plassa a cormull de gen, fen com que volíe deslligá al seu salvache, li va traure la máscara a fray Alberto, dién:
- Siñós, com lo jabalí no ve a la cassera, y no pot fes, per a que no haigáu vingut en vano vull que veigáu al arcángel Gabriel, que del sel baixe a la terra per les nits per a consolá a les dones venessianes.
Al tráureli la máscara fray Alberto va sé reconegut per tots enseguida y contra nell se van eixecá los crits de tots, diénli tots los insultos que sabíen y la infamia mes gran que may se va di a cap bribón, y, ademés de aixó, aventánli a la cara los uns una gorrinada y los atres un atra, aixina lo van tíndre durán mol tems, hasta que va arribá la notíssia als seus flares, y sis de ells se van ficá en camí y van arribá allí, y, tiránli una capa damún y desencadenánlo, no sense grandíssim abalot detrás hasta casa lo van portá, aon lo van empresoná, y después de viure a la miséria se creu que va morí. Aixina éste, tingut per bo y obrán mal, sense sé cregut, se va atreví a fé de arcángel Gabriel; y de ell convertit en home salvache, en lo tems, com u habíe mereixcut, sense profit va plorá los pecats cometuts. Vullgue Déu que a tots los demés los passo lo mateix.

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